viernes, 28 de abril de 2017

Cosmovisión Cómica- Literatura de humor

Géneros Humorísticos
        
·                     La parodia: es la recreación de un personaje o un hecho, empleando recursos irónicos para emitir una opinión generalmente transgresora sobre la persona o el acontecimiento parodiado. Existe en todos los géneros, incluyendo la literatura, la música , el cine y la televisión. Un acontecimiento político, social o cultural puede ser asimismo parodiado.

·                     Sátira: es un género que tiene por objeto corregir, por el ridículo, vicios del comportamiento humano, vicios morales y sociales.

Tipos de humor

·                     Humor costumbrista: manifestaciones artísticas que reflejan hábitos sociales de un lugar y una época. Ofrece un cuadro verosímil, creíble de la vida cotidiana y la presentación de personajes tipo y lugares precisos.

·                     Humor negro: El humor negro es un tipo de humor que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas. Cuestiona situaciones sociales que generalmente son serias mediante la sátira. El asunto más recurrente en el humor negro es la muerte y todo lo que está relacionado con ella. Atañe los temas más oscuros y dolorosos para el ser humano y que, por norma general, suelen resultar controvertidos y polémicos para la sociedad porque están relacionados con la moral. Algunos ejemplos pueden ser: las grandes tragedias, las normas sociales, el sexo, los asesinatos, el suicidio, las enfermedades, la pobreza, la locura, el terrorismo, la drogadicción, la violación, las discapacidades, la guerra, la religión, la política, etc., pero representados en forma cómica. Suele adoptar una mirada machista, racista, xenófoba, cínica, etc.

·                     Humor blanco: El humor blanco es un tipo de humor que no contiene connotaciones ni denotaciones negativas como el humor negro. Se basa en los siguientes elementos:
-          El factor sorpresa
-          La calidad (o gracia) del intérprete (continente)
-          La calidad de lo expuesto (contenido)

·                     Humor absurdo: E l humor absurdo, también conocido como humor surrealista, es un tipo de humor que se vale de las situaciones disparatadas o incoherentes para generar la risa en el público, su comicidad se basa en la irracionalidad. Es un humor totalmente alejado de la realidad pero que a la vez nos sumerge en lo esencial de ella.

Otras características a tener en cuenta:

·                     Catarsis: Es posible decir también que uno de los efectos que provoca el humor en el espectador es el de “la catarsis”, es decir, la liberación, purificación o desahogo que provoca una situación cómica que permite experimentar un episodio desde el lugar del burlador o del burlado, “como si lo estuviese viviendo” y por lo tanto siendo protagonista sin serlo verdaderamente, con todas las consecuencias que esto puede provocar. El humor negro, suele ser un ejemplo de este aspecto catárquico de este género.
·                     También el humor funciona como elemento de transgresión, toma de conciencia, de denuncia, con fines políticos, didácticos, etc.

lunes, 24 de abril de 2017

La risa en la literatura española _ COSMOVISIÓN CÓMICA


La risa


     Entender el origen, los componentes y los mecanismos de ese enigmático fenómeno que denominamos risa ha sido algo que ha inquietado desde siempre a los hombres. Las teorías sobre la risa (biologicistas y evolucionistas o del instinto, de la superioridad, de la incongruencia, de la sorpresa, de la liberación o alivio a la tensión psicoanalítica...) se amontonan en los libros de ciencia.
     Al igual que la literatura, la risa parece ser una controlada y gratificante liberación momentánea de las restricciones y coerciones que diariamente nos son impuestas. Regresión -no patológica en cuanto controlada- a formas infantiles de pensar y actuar que nos propone algo así: «Lo importante es pasar el rato. Vamos a permitirnos, juntos y de una manera socialmente admitida, huir de lo convencional. Excepcionalmente, valen la obscenidad, la agresividad o el absurdo». La participación en la ilusión cómica permite liberar los deseos reprimidos del inconsciente y reducir la ansiedad. La risa liberadora es, por tanto, un fin en sí misma (sospechemos de quien trate de justificarla. Creo que fue Jorge Guillén quien dijo: «No se puede jugar y juzgar al mismo tiempo»).
     La risa cumple unos fines de gran utilidad para la especie humana. En primer lugar suministra un cauce indirecto, socialmente aceptado, para la exteriorización de la agresividad y la sexualidad (Freud: El chiste y sus relaciones con el inconsciente, 1905). En su función social -se ríe siempre en grupo-, la risa sirve para reducir tensiones y conflictos y, a la vez, para reafirmar normas y jerarquías. El grupo ridiculiza tanto a los que las desobedecen como a los que se esclavizan a ellas. La risa se acerca al sermón, al tirón de orejas, a la regañina cuando de lo que se trata es de recomendar al excéntrico la vuelta al redil (Henri Bergson: La risa, 1899). El grupo se reafirma por la risa atacando a víctimas propiciatorias, a chivos expiatorios (miembros de grupos minoritarios o de otras razas, locos...) y se defiende por ella, asimismo, de sus miedos: el poder, la enfermedad, la guerra, el hambre, el dolor, el ridículo, la pobreza, la muerte. El llamado humor negro o la autoirrisión forman parte de este sistema de defensa. La literatura de signo ingenioso muestra cómo la momentánea liberación de las cadenas de la lógica, después de la superación de -10- alguna pequeña dificultad lingüística, puede también proporcionar placer, dando lugar a una risa de tono más bien intelectual.
     Ante el peligro siempre presente de tomar en broma lo que es en serio y viceversa, la crítica literaria suele evitar la discusión sobre los problemas teóricos que acarrea la literatura cómica. Quizás por eso todavía está por aplicar al terreno de lo literario buen número de investigaciones sobre la risa efectuadas en los campos antropológico, psicológico o sociológico.
     Frente al tradicional enfoque ahistórico, idealista, pensamos que la risa ha de ser estudiada en el marco de la historia cultural y de las mentalidades. Cada siglo se ríe de los anteriores; cada grupo, de los otros; cada clase social, de las demás; media humanidad, de la otra media. Por ello la risa es privilegiado documento que nos habla de la visión del mundo de cada grupo y cada época.
     Para delimitar lo Cómico como universal de representación literaria, para hallar la Gramática de lo Cómico, habremos de unir al estudio detenido de la risa a lo largo de la Historia las aportaciones de la Crítica Literaria y de la Teoría de la Literatura. Habrá que evitar la aplicación mecánica de criterios tan poco fiables como el geográfico (risa andaluza, catalana, gallega, castellana...) o el nacionalista (risa española, inglesa, italiana...). Se deberá también huir, en la medida de lo posible, de definiciones formales, reduccionistas y empobrecedoras, ajenas a cualquier consideración histórica.
     La Historia deberá darnos explicaciones globales sobre cuestiones aún insuficientemente exploradas: la cambiante relación dentro del jerarquizado sistema literario entre los géneros serios y los no serios; la razón de que dichos géneros, normalmente marginales, sean sistemáticamente despojados de cualquier prestigio por la institución literaria; la subordinación jerárquica dentro de los mismos géneros cómicos en cada época; la necesidad que han tenido los escritores cómicos de defender sus obras, de justificar sus heterodoxos atrevimientos literarios, arropándolos desde la Edad Media en la utilidad moral o didáctica y más recientemente en la utilidad política y social; las etapas en las que predominó una concepción de la literatura como deleite y juego o bien como enseñanza y moralización; la distinción entre la risa rural y la urbana; las relaciones entre risa y clase social, etc.

El texto cómico

     Entenderemos por texto cómico, muy a grandes rasgos, aquel que persigue provocar la risa o suscitar la sonrisa, produciendo en este último caso una comicidad atenuada, mezclada con sentimientos de simpatía, ternura, etc. 
     Para su análisis, que exigirá replantear muchos problemas tradicionalmente mal resueltos, habrá que superar el nivel de la palabra, la locución, el modismo fraseológico o la oración, para alcanzar el nivel textual, labor en la que colaboran hoy, junto a las distintas tendencias de la lingüística formalista, la Lingüística del Texto o la Pragmática.
     El texto cómico exige constante capacidad de innovación, de originalidad para provocar la sorpresa. En la literatura cómica cada autor es una isla, un individualista que nunca crea escuela, que carece de seguidores, al no valer para la risa fórmulas ni recetas. Cuando lo cómico busca convertirse en género pierde su encanto, su frescura. Carlos Bousoño ha destacado cómo la literatura burlesca se anticipa, a veces en muchos siglos, en el descubrimiento de procedimientos novedosos, a la literatura seria.

     Esta clase de textos ha de conjugar asimismo dos técnicas complementarias: el énfasis, que implica procedimientos de selección, exageración y simplificación y, en las formas superiores de la risa, la economía (inteligentes insinuaciones o alusiones oblicuas que eviten el ataque frontal).
     En el texto cómico el tono surge normalmente de un marcado contraste entre lo que se cuenta y el cómo se cuenta. Lo ideal para la risa es una momentánea anestesia del corazón (Bergson), es decir, la ausencia de implicación emocional en el lector, la falta de compasión hacia la víctima del ataque ridiculizante (cuando alguien sufre una caída, la risa surge espontánea en los espectadores, siempre que estos no dejen intervenir a la compasión). El personaje cómico ha de estar lleno de raras manías y ridiculeces, ante las que el lector pueda sentirse superior («Soy mejor que él, no tengo sus defectos»). El fin del texto cómico es lograr la máxima distanciación evitando a cada instante la identificación del lector, pues si se conoce demasiado a un personaje cabe simpatizar con él («Soy como él»), ya que nadie se ríe de aquello que admira. Don Quijote hacía llorar de risa a sus contemporáneos porque era un sujeto extraño, estrafalario y chocante con el cual no cabía identificación posible.
     En general, la risa suele surgir a través de: personajes inverosímiles, muy tipificados y nada psicologizados; el narrador omnisciente, que observa a sus criaturas con malicia y frialdad, desde fuera, como si fuesen marionetas; la suma de incongruencias (visuales, conceptuales o lingüísticas); lo superficial frente a lo profundo (la crítica acusa a menudo al texto cómico de falta de profundidad, cuando es algo casi consustancial al mismo); el dinamismo frente a la parsimonia; la levedad frente a lo pesado; lo intelectual frente a lo emotivo...
     En El acto de creación (1964) Arthur Koestler usaba, para acercarse a la esencia -12- de lo cómico -llave para él de todo el proceso creativo-, el concepto de bisociación. Toda la Lógica o la Gramática de lo cómico consiste, según este autor, en el choque entre dos códigos de reglas o contextos asociativos mutuamente excluyentes de modo tal que hemos de percibir la situación al mismo tiempo en dos marcos de referencia incompatibles entre sí, contrastantes, imponiéndose en un contexto algo que pertenece a otro. Lo cómico juega a hacer chocar el sentido y el sinsentido; lo lógico y lo ilógico; lo exagerado y lo normal; lo que se dice y lo que no se dice; la lógica profesional y el sentido común; el sentido literal y el sentido metafórico; los hechos y las palabras; los hechos y el tono en que son contados... Es decir, cualquier par de matrices entrelazadas entre sí y con una gota de agresividad o malicia en la mezcla.
     La lectura de un texto cómico es, pues, un excelente ejercicio mental: la atención ha de estar a la vez en dos códigos, sistemas o universos significativos. Frente al pensamiento disciplinado, el pensamiento creativo opera siempre en más de un nivel simultáneamente. Koestler empareja lo Cómico con el Arte o la Ciencia: una caricatura, una metáfora o una investigación científica buscan analogías inéditas, son actividades combinatorias que contactan zonas de conocimientos y experiencias previamente separadas, juegan a ensayar híbridos, a explorar fronteras, a hacer entrar en colisión dos universos para observar qué es lo que ocurre.

Lo cómico y sus variantes

     En la historia del sistema literario la comicidad suele traducirse lingüísticamente en una lista abierta de categorías estéticas, que tienen en cuenta tanto lo representado como el modo de representación: la parodia, la sátira, la ironía, el humor, lo tragicómico, lo bufonesco, lo gracioso, lo grotesco... Asociadas a ciertos juegos comunicativos, a ciertas actitudes y técnicas literarias, tales categorías intentan matizar los muy variados tipos de risa o sonrisa posibles. Para saber de qué hablamos realmente cuando las utilizamos, repasemos a continuación algunas de las más usuales, teniendo en cuenta lo difícil que es hallarlas en los textos en estado puro y lo que de peligroso tiene cualquier simplificación pedagógica:

     La ironía no consiste en dar a entender algo mediante la expresión de lo contrario, pues no parece razonable decir lo contrario de lo que se quiere decir y con el riesgo de no ser entendidos. Es, en cambio, un juego comunicativo por el que se da a entender que no se dice lo que se dice. Se expresa algo más, que puede ser diferente o contrastante. La ironía logra el distanciamiento del lector frente al texto, le hace sentir su doblez, le obliga a mirar críticamente lo que allí se dice y ha de ser sustituido -13- por otro sentido distinto. Su uso sólo es posible tras un previo pacto de complicidad, un guiño de inteligencia, entre autor y lector. A veces sólo al finalizar la lectura nos damos cuenta de que el escritor ironizaba, lo que nos obliga a una relectura, ya con plena complicidad en el juego de trastocar e infringir normas y códigos lingüístico literarios y sociales institucionalizados, frente a los que el ironista lleva a cabo su ataque-defensa. La ironía es una excelente gimnasia sobre el lenguaje y su eficiencia, sobre los usos a que someten al lenguaje sus usuarios. Suele ser una risa de tipo reformista, que enfrenta críticamente las ideas del autor a las personas, las cosas y las costumbres, para mostrar cómo lo real dista ridículamente de lo ideal. Si en la lengua hablada la ironía es fácilmente reconocible, no sucede así en la escrita. Son algunas de sus marcas: sobreentendidos, presuposiciones que parecen ignorarse, connotaciones de un término que no van con la atmósfera del marco textual en que aparece, juegos entre el sentido literal y el figurado, etc.

     La parodia es una imitación burlesca -no sin fuertes dosis de admiración por el texto parodiado en algunos pastiches-, que exige una alta destreza estilística y un alto grado de conciencia de la noción de género literario (ya los formalistas rusos señalaron cómo los géneros literarios evolucionan por parodias sucesivas), recalca lo artificial de las convenciones del género manipulado y acostumbra a bromear con sus procedimientos literarios desgastados tras una manida reiteración. La risa surge en la parodia de la constante confrontación por parte del lector entre el texto parodiante y el parodiado. Comicidad por contraste, todo lo degrada: lo noble es vuelto vulgar; el respeto, irreverencia; lo serio, burla; la dignidad del héroe es rebajada al señalarse su sujeción a las necesidades fisiológicas corporales comunes al resto de los mortales. En la literatura española tenemos abundantes textos paródicos. Cervantes parodia en el Quijote, sobre todo en sus primeros compases, las novelas de caballerías. Graciosa parodia del teatro modernista en verso es La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca, y de los dramas románticos del siglo XIX, Angelina o el honor de un brigadier, de Enrique Jardiel Poncela.

     La sátira está en el límite duro de la ironía (alguien la ha llamado ironía militante). Aunque cercana a la invectiva y el ataque personal, en su afán por reformar los usos y las costumbres sociales suele decir el pecado y silenciar al pecador. De lema ridentem dicere verum, decir la verdad riendo, la sátira supone una rígida postura moral, que divide al mundo en buenos y malos. En España se escribieron pocas sátiras según el modelo clásico, el horaciano. Desde el Renacimiento el espíritu de este género literario creado por los romanos buscó nuevo cauce en multitud de formas: sonetos burlescos o morales, epigramas, etc.

     El sarcasmo aparece cuando quien escribe cree que el lector no va a ser su -14- cómplice desde el principio, por lo que tratará de persuadirlo exagerando los rasgos del asunto abordado. Se hace sarcasmo cuando se supone que no va a ser captada la simple ironía. Se abusa de lo cáustico y lo mordaz, de la burla grotesca. Un uso ejemplar del mismo puede verse en la novela Tiempo de silencio de Luis Martín Santos.

     Lo lúdico -sinónimo de juguetón, travieso o festivo- es aquello que invita al regocijo y acostumbra a usar abundantes juegos de palabras además del absurdo y el sinsentido.
     Lo grotesco aplica un principio de deformación consistente en la mezcla de géneros y estilos y supone un equilibrio inestable entre lo risible y lo trágico. En un intento por reflejar la condición humana en todas sus contradictorias manifestaciones, lo tragicómico, género también mixto, une la risa y el llanto. En la literatura europea, el primer ejemplo importante de esta mezcla, tan del gusto del hombre moderno, es La Celestina de Fernando de Rojas.

     El humor es una modalidad de la literatura cómica relativamente joven, pues su uso literario sólo se generaliza en Europa a mediados del siglo XVIII, tras dejar de ser un exclusivo arte inglés. El humor, hijo del ingenio barroco y la sentimentalidad burguesa, es simbolizado a menudo en una sonrisa melancólica y llena de comprensión hacia las debilidades humanas. La risa se vuelve civilizada, se aburguesa, se ennoblece con un fondo filosófico y moral y convive con los buenos sentimientos: la ternura, la simpatía cordial, la tolerancia.

     Según Robert Escarpit, el humor funcionaría así en el interior de un grupo social concreto: primero, en la fase intelectual, irónica, ingeniosa, el humorista infringe o suspende provisionalmente una o varias evidencias sociales (hábitos mentales, preceptos morales, normas de convivencia social), que se transmiten a través del lenguaje, creando en ese grupo tal violación de sus reglas, desasosiego, tensión nerviosa o angustia. A continuación, en la fase de «rebrote humorístico», en una pirueta de color afectivo, el humorista tranquiliza al grupo recomponiendo el equilibrio roto, exorciza su angustia por medio de una complicidad fraternal hombre a hombre, le devuelve la seguridad, la confianza y la fe. El humor es, pues, antes que algo de naturaleza intelectual, asunto del corazón. El escritor humorista no mira a sus personajes ni en picado, desde arriba, viéndolos como muñecos, ni en contrapicado, desde abajo, viéndolos como héroes. Se coloca, en cambio, a la altura de su corazón, altura desde la cual puede fácilmente ponerse en el lugar de los otros y cambiar continuamente de punto de vista, de perspectiva.

     Hoy suele usarse humor como sinónimo de comicidad. A veces hallamos ambas palabras juntas, al mismo nivel, sirviendo entonces comicidad para la risa chistosa, -15- burda o grosera, la de las personas no demasiado cultivadas, y humor para la risa de las clases educadas, según su uso tradicional. Por presión desde abajo, las palabras humor o humorista están ampliando su tradicional significación, siendo usadas, además, sin ningún tipo de matización de índole clasista.

Risa y novela

      Por sus elementos de ficción, longitud y contextura, la novela es un género difícil para la risa si se quiere usar esta con continuidad. Dado que es imposible buscar hacer reír todo el tiempo, se impone una meticulosa dosificación. La novela juega a cargar y descargar sucesivamente en el lector la tensión, de manera que, cada vez que esta pierde de pronto importancia, surge la risa. Se suceden así una serie de culminaciones menores (clímax), a diferencia de lo que ocurre en chistes y anécdotas, que suelen tener solamente un punto de culminación. A la pura comicidad la novela prefiere lo jocoserio, la sabia mezcla de ironía, humor, sátira, etc., logrando así esa tonalidad que predispone a una recepción no ingenua ni acrítica sino divertidamente distanciada.

     La risa puede ser utilizada en la novela para desacralizar y desmitificar; atacar personas e instituciones, ideologías y creencias; manipular lúdicamente el lenguaje en todos sus niveles; burlarse de la institución literaria, sus géneros y sus leyes; refrenar el excesivo idealismo, romanticismo o sentimentalismo de los autores; abordar el diálogo entre civilizaciones, razas, religiones o clases sociales, desdramatizando situaciones tradicionalmente intocables; exponer fantasías especulativas; escapar a la angustia, la solemnidad excesiva y el anquilosamiento; revalorizar el juego y la libertad de imaginar; explorar las zonas-límite del idioma...
     La risa no suele cuajar en relatos extensos. Prefiere, lógicamente, el cuento, la novela corta, el artículo humorístico o el reconcentrado aforismo, ya que el ingenio, por definición, nunca es narrativo, al exigir permanentemente la sorpresa y huir de la monotonía y el uso mecánico de los recursos. La crítica suele señalar que las novelas cómicas no son verdaderas novelas, al faltarles una estructura unitaria. En efecto, es corriente en ellas la fragmentación de la línea narrativa en unidades pequeñas, en una suma de relatos breves, fáciles de disfrutar. El juego de ingenio adopta un aspecto atomizado y discontinuo: anécdotas y chistes se suceden apenas enhebrados en torno a unos personajes. Entremeses, cuentecillos, poemas jocosos, piececillas teatrales, todo cabe en estas obras misceláneas, verdaderos cajones de sastre, de estructura abierta, que podrían ser continuadas indefinidamente. También -16- se suele señalar la ausencia en ellas del tiempo novelesco, el cual suele ser sustituido por células temporales yuxtapuestas, sin conexión, que dan la sensación de artificiosa atemporalidad.
      La crítica no debería pedir a la novela cómica lo que esta no puede o no desea dar: artísticas descripciones, construcciones psicológicas de los personajes o excesiva «profundidad». Tampoco debería atosigar demasiado al escritor que se atreve a escribir una obra de tinte jocoso, como hizo con el Ramón J. Sender de La tesis de Nancy o el Eduardo Mendoza de los relatos El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas.
      Al escritor cómico le gusta jugar con la ilogicidad y lo inverosímil; pintar, con vertiginoso ritmo, el caos y la confusión, el desorden público, los tropiezos en cadena; mezclar los diversos discursos (político, religioso, sexual, erudito...); bromear con los lenguajes de los medios de comunicación, de la cultura de masas; amontonar incongruencias; jugar con la presentación tipográfica incluyendo dibujos, anuncios y carteles o dando una presentación llamativa a su labor (Juego de naipes de Max Aub se publicó en el estuche de una baraja de cartas); romper las expectativas del lector, las convenciones literarias, por medio de notas jocosas al pie de página, títulos y subtítulos irónicos, comentarios de tipo metaliterario, es decir, reflexiones desnudadoras del arte y los trucos del narrador; potenciar el componente oral, perdiéndose en locas digresiones y dándose a la charlatanería más desenfadada, a la manifestación de la lengua más viva, sin impedir el paso al lenguaje de la calle, a las jergas y las hablas más disparatadas, etc.
      Recurso básico para conseguir la risa en la novela es el sabio uso de la instancia literaria del narrador. Puede tratarse de un narrador no fiable, como el loco que cuenta su historia en las novelas de Eduardo Mendoza arriba citadas. O un narrador irónico, como tantos narradores omniscientes de las novelas del XIX: Clarín, por ejemplo, gusta de deslizar continuamente un demoledor comentario breve al pie de cada frase, actitud o gesto ironizados. O un narrador torpe que se hace el tonto, que finge ignorar los dobles sentidos de las palabras, que de los dos posibles escoge el más inocente dejando el más malicioso al lector. El narrador puede también jugar a ser alternativamente irónico y tierno, próximo y distante a la materia novelada: es muy moderno el juego de presentar un héroe humorístico (que cae simpático al lector, quien se identifica con él) y tornarlo a continuación un héroe cómico (ridiculizándolo, distanciándolo del lector).

miércoles, 11 de mayo de 2016

Cosmovisión realista y crítica social


Realismo crítico
El ámbito social es un aspecto que subyace en toda narración realista pero, en algunas obras, se convierte en eje central del argumento, favoreciendo una interpretación consciente de la realidad y promoviendo la toma de postura ante fenómenos y problemas sociales. Se trata de una corriente muy desarrollada en los últimos años, como contrapartida a un tipo de literatura ingenua y bondadosa, que prefería ignorar los problemas del mundo y mostrar una sociedad idílica y falsa, carente de sentido crítico o capacidad de denuncia.
Algunos de los temas más tratados en estas obras son: derechos humanos y pacifismo, defensa del medio ambiente, feminismo, marginación, interculturalidad...
Frente a posibles maniqueísmos y simplificaciones, esta literatura con valores debe mostrar diversos puntos de vista y opiniones. Sólo desde la pluralidad es posible desarrollar criterios propios.
Es preciso eludir las posibles tentaciones didácticas y promover la gratuidad de la lectura. La literatura ha de reflejar cuanto sucede en el mundo, pero no debe convertirse en una oferta de soluciones a la carta, un nuevo medio de adoctrinamiento.
El realismo
Es un movimiento cultural que se da principalmente durante la segunda mitad del s. XIX en toda Europa. Esta nueva manera de ver las cosas se inicia hacia 1850 en Francia, con la publicación de la revista “Realisme” que define los rasgos más característicos de este movimiento.
Las novelas realistas se escriben desde los años treinta pero el Realismo como escuela no se consolida hasta la década de los cincuenta, con la Revolución de 1868, en que van tomando cuerpo las posiciones antirrománticas o superadoras del Romanticismo.
Asigna como fin a las obras artísticas o literarias la imitación fiel de la naturaleza, cuyo auge se da en Europa en la segunda mitad del siglo XIX.
Características del Realismo
·         Aparece una rigurosa observación de la realidad como método descriptivo, influido por las ciencias experimentales; los escritores se documentan sobre el terreno, tomando minuciosos apuntes sobre el ambiente, las gentes, la indumentaria, etc. También buscan en los libros los datos necesarios para conseguir la exactitud ambiental o psicológica.
·         Utilización de una técnica objetiva frente al subjetivismo romántico. El autor es un cronista aunque en ocasiones expone algunas opiniones personales.
·         Intención social de los escritores. Se intenta descubrir las lacras o cualidades, manías y hasta deformidades sociales y contribuir a eliminarlas; renace la idea del “Arte útil”.
·         En el estilo se observa una progresiva eliminación de la retórica grandilocuente de los románticos, se adapta el lenguaje a la condición social del personaje. De ahí la importancia que adquiere el reflejo del habla popular.
·         El novelista refleja ampliamente la sociedad contemporánea. Se recoge una gran diversidad de ambientes. Entran ahora en la novela sectores sociales como los medios burgueses o las capas inferiores de la sociedad.
·         Como conclusión el Realismo desarrolla elementos románticos: el costumbrismo, el gusto por lo local y regional; sin embargo, elimina algunas facetas anteriores como el subjetivismo, el uso exagerado de la imaginación o la evocación constante del pasado legendario.
Los Temas
Principalmente están derivados de la mentalidad burguesa: el poder, el dinero, la influencia social o las cuestiones políticas del momento.
Los Personajes
Reflejan los cambios y tensiones sociales, aparecen proletarios, mendigos, políticos y la clase media.
La Novela realista
Durante la segunda mitad del s. XIX se desarrolla una prosa periodística, la llamada prensa obrera, cuenta las tensiones sociales de la época. Más tarde florece la prosa científica y humanística, pero el verdadero esplendor de este género se da con la novela.
En la novela se consiguió dar una visión completa de la sociedad en un determinado tiempo histórico: Los personajes, los ambientes, los problemas, … formando un mundo verosímil y cotidiano. El novelista se convierte en el portavoz de la conciencia colectiva, consiguiendo una buena conexión entre novelista y sociedad.
Características de la Novela Realista:
ü  El tema principal de la novela es el conflicto entre el individuo y la sociedad. Se intenta conocer el motivo de la marginación del personaje dentro de la sociedad.
ü  El centro de la novela es el personaje, que reúne y expresa los rasgos generales de su grupo social. Se consigue un retrato casi perfecto del personaje, no solo físico sino también moral; utilizando las técnicas de exploración de la alma humana como el monólogo interior y el estilo indirecto libre.
ü  Hay una variada pintura de ambientes, principalmente costumbristas; reuniones en casinos, paseos callejeros, culto religioso, fiestas populares, etc.
ü  Es una representación total de la vida, eliminando lo fantástico. El autor muestra las miserias e intereses humanos de la época, convirtiéndose en crítico y juez, intentando mejorar la sociedad.
ü  El autor es un narrador omnisciente, es decir, deja actuar a los personajes según lo que harían en la realidad para dar mayor objetividad.
ü  Agilidad en los diálogos y profundidad en las reflexiones de los personajes. Recoge aspectos particulares del habla regional o popular, cometiendo errores de pronunciación y vulgarismos. Hay un enriquecimiento de las técnicas narrativas y descriptivas (3ª persona).
El Prerrealismo
Durante el primer periodo de este movimiento, los novelistas tienden a tratar escenas de corriente costumbrista, elaborando una novela rica en matices y que presenta una clara evolución.
Características del Prerrealismo:
·         Se intenta reproducir la realidad en movimiento teniendo presente el inmovilismo costumbrista.

·         Las personalidades de cada uno de los personajes que aparecen en la novela están condicionadas a su ambiente social.

·         Recoge un dualismo moral, político y religioso (mundo de buenos y malos). Por eso abundan los juicios de valor y la excesiva moralización.

·         El Realismo en España
·         El Realismo
·         El desarrollo del Realismo español va junto al desarrollo de la sociedad. En 1868 la burguesía se consolida y eso provoca su implantación. Los factores que favorecen este movimiento en España son:
·         La década de los sesenta presenta una clara acogida popular a la novela por entregas y de folletín entre otro tipo de narraciones (La novela popular española del siglo XIX).
·         En esa misma década todavía se registran aportaciones a la novela histórica y traducciones de autores extranjeros (Papá Goriot).
·         Continua la publicación de artículos y narraciones costumbristas, frecuentemente coleccionados en volúmenes y construidos desde diversas perspectivas.
·         El Realismo triunfa en España debido a la gran tradición realista que había, como la novela picaresca o el estilo cervantino.
·         Los escritores españoles se inspiraban en nuestra propia cultura, en la vida y en las tierras de España, pero ahora con una previa documentación antes de escribir sobre el tema, predominando la novela regional.
·         El periodo realista supone una etapa de extraordinario florecimiento para la literatura española, sobretodo para la novela a partir de 1870.
Autores destacados en el Realismo
v  Benito Pérez Galdós
Vida;
Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843. Estudió Derecho en Madrid donde pasaría el resto de su vida y de la que fue el más profundo observador.
Desde su juventud mostró interés por los problemas sociales, políticos e ideológicos de su época; colabora en diversos periódicos, y se define como progresista y anticlerical. Queda deslumbrado por Balzac en los viajes que hace a París en 1867 y 1968.
Entra en política en los años ochenta, siendo diputado por el partido de Sagasta. Desde 1890 pasa apuros económicos, lo que le llevará a probar fortuna en el teatro. A partir del 98 entra en contacto con los socialistas aunque su tolerancia le permitirá continuar su amistad con Pereda y Menéndez Pelayo, tradicionalistas.
Los últimos años de su vida fueron tristes: se queda ciego, se incrementan sus dificultades económicas y sus enemigos impiden que se le otorgue el premio Nóbel. Murió en Madrid en 1920.
Estilo:
Cultivó la novela y el teatro; en la primera estuvo influido por un sentido realista, pues la concibió “como imagen de la vida”, y mereció ser considerado como el primer novelista español de su época y uno de los grandes maestros de la novela contemporánea en Europa.
Como dramaturgo no supo elevarse a tan gran altura, pues no hizo otra cosa que llevar su novelística a escena.

Como características de su novela podemos destacar:
ü  Poderoso pintor de ambientes.
ü  Cuida sumamente la documentación según los métodos del realismo.
ü  Penetrantes dotes de observación.
ü  “Realista de almas”: sus personajes poseen una gran capacidad de intuición, comprensión y lucidez.
ü  Admirable técnica del retrato.
ü  Domina el arte de caracterizar a sus personajes por su lenguaje.
ü  Lenguaje espontáneo y antirretórico.
ü  Prosa de gran expresividad, ágil y plagada de rasgos geniales por su poder de sugerir.
ü  Modernidad. En ese sentido hay que destacar la utilización del “monólogo interior”.
ü  Intención crítica.
ü  Ironía. Gran arma de la que es maestro.
ü  Obras más importantes:
ü  Él mismo dividió su producción en Episodios Nacionales, Novelas españolas de la primera época y Novelas españolas contemporáneas. Hay que sumar sus obras teatrales, sus numerosos artículos y su interesante correspondencia.
ü  Sus Episodios Nacionales constituyen una visión novelada del siglo XIX, formada por 46 novelas distribuidas en cinco series de diez títulos cada una, salvo la última. Con ellos logró crear un nuevo tipo de novela histórica (alejada de la del Romanticismo), debido a su riguroso esfuerzo de documentación y a su objetividad.
Sus primeras novelas las compuso hasta 1880. Se inician con dos novelas históricas: La Fontana de Oro y El Audaz. Continua con otras que abordan la vida contemporánea: Doña Perfecta, Gloria, La familia de León Roch, etc. Su propósito es atacar la intransigencia y el fanatismo. De índole muy distinta y de la misma época es Marinéela.
Sus novelas españolas contemporáneas son las 24 novelas que publicó a partir de 1881. Por estas obras pasa todo el Madrid de su tiempo, describe toda la sociedad y el ambiente. Él hace de crítico apoyándose en su característica ironía. Destacan La desheredada, Tormento, La de Bringas, Fortunata y Jacinta (es su obra maestra y una de las máximas novelas españolas de todos los tiempos; son más de mil páginas de una riqueza extraordinaria por las inolvidables figuras de las dos mujeres que le dan título y en el amplio panorama social que las enmarca), Miau, las cuatro novelas sobre Torquemada (estudio estremecedor de la avaricia y del mundo de los negocios), Ángel Guerra, Nazarín, Misericordia…
Galdós es admirado y discutido en su tiempo, pero ha sufrido altibajos en la estimación posterior. Su fama comenzará a crecer cuando, a partir de 1950, la literatura se orienta hacia un realismo social y crítico. Ha visto renovada su popularidad gracias a las diversas adaptaciones cinematográficas que de sus obras se han hecho. Hoy día representa una de las cimas de la novela española y universal.

v  Juan Valera
Vida :
Juan Valera nació en Cabra (Córdoba) en 1824. De noble y rica familia andaluza, se dedicó a la carrera diplomática por lo que vivió mucho tiempo en el extranjero. Mantuvo una cordial amistad con Menéndez Pelayo y con Clarín. En 1861 ingresó en la Real Academia, y se dio a conocer como critico literario y autor de cuentos. Muere en 1905 en Madrid.
Estilo :
Valera fue una personalidad influyente en la vida civil e intelectual de su tiempo, narrador de sólida fama y uno de los más importantes novelistas españoles del siglo XIX. Se mostró enemigo de toda innovación en el campo de la literatura, pero, a pesar de ser contrario, en el plano teórico, al naturalismo, no tuvo más remedio que acusar en parte su influencia. De su actividad crítica y de su correspondencia emerge una personalidad curiosa y vivaz, a veces aguda y penetrante, pero a fin de cuentas limitada por su misma aristocracia y conservadurismo intelectual.
Su estilo está caracterizado por:
ü  Posición liberal moderada en política.
ü  Talante escéptico en lo religioso.
ü  Rechaza las novelas de tesis: la obra de arte solo debe reflejar lo bello.
ü  Estilo correcto y cuidado.
ü  Fina ironía.
ü  Recrea ambientes contemporáneos y personajes verosímiles.
ü  Profundo conocedor del alma femenina.
Obras más importantes:
En 1874 escribió su primera y más célebre novela, Pepita Jiménez, delicada historia de una crisis religiosa y sentimental. De los años posteriores son sus otras siete novelas, ambientadas casi todas en Andalucía y escritas con estilo limpio y cordial, entre las que destacan Doña Luz (1879), Juanita la larga (1896) y Morsamor (1899).
Mucho más rica es su obra ensayista y muy interesante su epistolario. Citaremos su libro La poesía lírica y épica de la España del siglo XIX, los cuentos Parsondes (1859) y El pájaro verde, y bellísimas traducciones de la novela de Longo Dafnis y Cloe y de los poemas de numerosos líricos italianos, franceses e incluso árabes.

v  Leopoldo Alas y Ureña, “CLARÍN”
Vida :
Nació en Zamora en 1852 y murió en Oviedo 1901. Escritor español que permaneció la mayor parte de su vida en la ciudad donde falleció. Estudió derecho, filosofía y letras.
Más tarde, en Madrid entra en contacto con ideas krausistas y se le conocía como un periodista satírico o como crítico literario. En 1875 toma el apodo de “Clarín”.
Pasa a ser catedrático de economía en la Universidad de Oviedo.
Políticamente fue un liberal republicano muy sensible ante las injusticias sociales.
Estilo :
ü  En sus cuentos o relatos breves revela con gran ternura y lirismo el afecto que siente sobre los personajes marginados y humildes. Sus cuentos tienen una perfección en la forma y una gran hondura emotiva.
ü  En la narración se le caracteriza por una gran precisión y unas descripciones de ambiente, personajes, … inmejorables, y que se integran totalmente en el relato.
ü  Pasa de una notable objetividad en el relato a la ironía.
ü  Tiene una viva producción de diálogos de lo más variados.
ü  Cultiva la novela larga, donde tiene una gran perfección constructiva.
ü  Clarín actúa en sus relatos como narrador omnisciente, dejando actuar a los personajes. Utiliza la técnica del estilo indirecto libre con la que explora la vida interior de los individuos. Escribe con humor y ironía sobre las injusticias en la sociedad.
ü  Como crítico literario, Clarín destaca por su solidez cultural y la agudeza de sus juicios.
ü  Sigue un tipo de arte estéticamente riguroso y una concepción comprometida de la novela, en una línea progresista.
Obras más importantes:
Su obra maestra, “La Regenta”, a sido comparada con “Madame Bovary” de Flaubert. Esta novela la publicó en dos volúmenes (1884-1985). La función de esta novela era la introducción a una trilogía formada por “Una medianía”, “Juanito Reseco” y “Speraindeo”, de la cual solo publicó unos fragmentos.
Los más conocidos relatos breves son: Doña Berta, Superchería, Cuervo, Cuentos morales, El gallo Sócrates, También autor de “Su único hijo” y de diversos artículos recogidos en volúmenes de los que destacamos “Sermón perdido”, “Crítica Popular” y “Siglo pasado”.
De sus críticas destacamos los ocho opúsculos de “Folletos literarios”.
También estrenó una importante obra dramática, “Teresa”.


 Para seguir investigando:

http://www.educa.madrid.org/web/cc.screparadoras.majadahonda/2%20organizacion/lengua/APUNTES/La%20novela%20realista%20y%20naturalista.Siglo%20XIX.pdf

http://www.prepararlaselectividad.com/2011/08/novela-realista-y-naturalista.html

La poesía


Los textos poéticos se definen por un particular uso del lenguaje, en el que las palabras llaman la atención sobre sí mismas. Esto es posible debido a que los términos pueden significar ideas o conceptos distintos a los del diccionario, ya que tienen la capacidad de connotar, es decir, sugerir otro sentido además del literal o denotado.
Existen muchos recursos del lenguaje que colaboran con la connotación.
Ellos son:

  • Recursos fónicos.
  • Recursos sintácticos
  • Recursos semánticos.
Para seguir investigando:
https://www.ieslaasuncion.org/departamento/documentos/apuntes/104.pdf
https://cmplenguayliteratura.wordpress.com/curso-0809/3%C2%BA-eso/2%C2%AA-evaluacion/contenidos/recursos-estilisticos/
http://www.edu365.cat/batxillerat/lectures/castellana/castro/recursos_1.htm


lunes, 18 de abril de 2016

La cosmovisión mítica- Relatos de origen

La mitología clásica.

El mito es un relato tradicional que se refiere a acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes,monstruos o personajes fantásticos, los cuales buscan dar una explicación a un hecho o un fenómeno.

Leer los siguientes mitos griegos a modo de ejemplos:
http://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/grecia34/
http://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/edipo/


Textos expositivos.

Recursos de la explicación:
 En los textos expositivos- explicativos suelen emplearse una serie de procedimientos o recursos que permiten desarrollar la explicación.

  • Definiciones: proporcionan el significado de un termino. Se enuncian empleando verbos en presente como por ejemplo: "es", "consiste en", etc.
  • Caracterizaciones: describen los rasgos sobresalientes del objeto que se está explicando.
  • Ejemplos o aclaraciones: presentan casos concretos que sirven para ilustrar determinados conceptos o dar mayores precisiones.
  • Explicaciones de causa y efecto:mencionan las causas o las consecuencias de un hecho o fenómeno, para que se comprenda mejor.
  • Comparaciones: establecen una relación de similitud entre objetos
  • Enumeraciones: detallan la serie de conceptos incluidos en una idea, sin desarrollar.


Cuentos realistas

Elementos de toda narración realista:

  • Un narrador: es una figura ficcional que no debemos confundir con el autor, puede aparecer en primera o tercera persona.
  • Una trama narrativa: está formada por una serie de hechos que se van vinculando y se desarrollan en un eje temporal o a través de relaciones de causa y efecto.
  • Una estructura: constituida por una una situación inicial, un conflicto y una situación final
  • Una ubicación: espacio temporal.
  • Personajes: principales y secundarios que llevan a cabo las acciones.


http://jcortazar.org/lucas/lucas,-sus-regalos-de-cumplea%C3%B1os

1°1° y 1°3°

Textos de la autora Liliana Bodoc https://labibliodevicky.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/06/bodoc-liliana-la-mejor-luna.pdf   https:/...